Tengo una marca.
Me han marcado, sí, pero no es
una marca cualquiera.
No es una herida, ni una
cicatriz. No la puedes ver, pero está tan calada que durará toda la vida. Sí,
me has marcado, has dejado huella. Ha sido la marca más jodidamente dolorosa y
a la vez la que más aliviaba, porque a pesar de todo, me hace ver todo lo que
soy capaz de sentir.
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