Una vez soñé, y no quería despertar.
Allí no me hacía falta sonreír para aparentar felicidad,
allí lo era de verdad.
Tenía tu sonrisa cálida clavada en mi retina, tus manos
rodeando mi cintura, notando cada vez con más intensidad tu aliento, ese que
tanto me reconfortaba. No quería despertar, sabía que estaba soñando, porque en
la realidad, tu sonrisa ya no es cálida, tus manos no rodean mi cintura, y tu
aliento… no volverá a estar tan cerca de mí.
Soñé, y fui feliz, como una vez llegué a serlo...
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